
El presidente Trump afirmó que se había quejado con el primer ministro de Israel sobre el ataque. Pero funcionarios israelíes dijeron que los estadounidenses fueron informados de antemano.
Por David E. Sanger
David E. Sanger ha cubierto la actualidad de cinco presidentes estadounidenses en más de cuatro décadas en el Times. Escribe a menudo sobre el renacimiento del conflicto entre superpotencias, tema de su libro más reciente.
El presidente Donald Trump dijo el jueves que se había quejado con el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, del bombardeo de uno de los mayores campos de gas en altamar de Irán, lo que ha expuesto las estrategias marcadamente diferentes de los dos aliados en su intento de desarmar a Irán y, en el caso de Israel, de desencadenar el “colapso del Estado”.
Ante una pregunta sobre el ataque israelí, que hizo tambalearse a los mercados del petróleo, Trump dijo: “Le dije que no hiciera eso”, y sugirió que Netanyahu “no volverá a hacerlo” en el futuro.
“Somos independientes, nos llevamos muy bien”, dijo Trump, quien habló con los periodistas al recibir en el Despacho Oval a la primera ministra de Japón, Sanae Takaichi. Insistió en que los enfoques estadounidense e israelí estaban “coordinados”.
Tres funcionarios israelíes con conocimiento sobre el ataque al campo de gas dijeron que Estados Unidos fue informado antes del ataque. Pero Trump, en una publicación de Truth Social, sugirió que no sabía nada al respecto y dijo que Estados Unidos no participó.
En una guerra que está a punto de completar su tercera semana sin final a la vista, el ataque y los furiosos contraataques contra las instalaciones energéticas de los estados del golfo Pérsico revelaron que los dos aliados claramente no estaban coordinados en su enfoque.
Funcionarios europeos, que hablaron bajo condición de anonimato, dijeron que las operaciones militares de los últimos días eran una evidencia más de la creencia de Israel de que si puede desmantelar las principales fuentes de ingresos de Irán y eliminar a sus dirigentes políticos, militares y de inteligencia, el país se sumirá en lo que los israelíes llaman “colapso del Estado”.
La opinión de Europa es que el resultado será el contrario: las fuerzas de Irán se intensificarán, utilizando sus drones y misiles supervivientes para destruir las vulnerables infraestructuras de sus vecinos, en lo que se convertirá en una batalla existencial.
Israel ha tenido en el punto de mira a los dirigentes iraníes, y con el ataque al yacimiento de gas de South Pars —un vasto yacimiento de gas natural en el Golfo gestionado conjuntamente por Irán y Catar— golpeaba directamente la capacidad de Irán para generar ingresos. Los iraníes respondieron con un ataque con misiles contra la ciudad industrial catarí de Ras Laffan, el cual dañó significativamente uno de los centros energéticos más importantes del Estado del Golfo.
Es evidente que a Trump le preocupa que estos ataques y contraataques provoquen un aumento aún mayor del precio del petróleo y el gas, y que los transportistas teman aún más transitar por el estrecho de Ormuz. Así que ha estado tratando de preservar la infraestructura de petróleo y gas de Irán y evitar que el país tome represalias en las instalaciones energéticas de todo el Golfo. Con cada prueba de que la guerra se está intensificando, el precio del petróleo aumenta, y los asistentes de Trump se esfuerzan por contener los efectos económicos, empezando por los precios del petróleo.
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, dijo que para calmar a los mercados, Estados Unidos estaba pensando en liberar más de la reserva estratégica de petróleo, que el gobierno no había logrado rellenar a su máxima capacidad en el período previo a la guerra. Pero, lo que es más sorprendente, ha hablado de suspender las sanciones sobre el petróleo iraní que ya se encuentra en el mar —en un esfuerzo por liberar unos 140 millones de barriles— como otra forma de frenar los precios.
Eso, por supuesto, traería más ingresos a Irán, pero Bessent insistió en que “usaremos los barriles iraníes contra los iraníes para mantener el precio bajo durante los próximos 10 o 14 días, mientras continuamos esta campaña”.
En todo momento, Trump y Bessent intentan señalar a los mercados que lo tienen todo bajo control, incluso en medio de la evidencia de que su esfuerzo por contener las represalias de Irán —y la respuesta de los mercados— está fracasando. Trump trató de caracterizar sus conversaciones con Netanyahu como una modesta diferencia de opinión. “En ocasiones, él hará algo”, dijo Trump a los periodistas el jueves, “y si no me gusta y así, no lo haremos más”.
En sus explicaciones públicas sobre el estado de la guerra, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, y el general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto, volvieron a sostener el jueves que Estados Unidos estaba alcanzando todos sus objetivos. Hegseth hizo hincapié en los ataques contra los centros industriales de defensa de Irán, para que no pueda reponer los misiles, lanzadores y aviones no tripulados destruidos en lo que ha sido una operación aérea de jugar al escondite.
Hablaron del lanzamiento de bombas de unos 2300 kilos a principios de esta semana en un supuesto depósito de misiles cerca del estrecho de Ormuz, parte de un esfuerzo para impedir que Irán pueda hostigar el transporte marítimo a través del tramo de 34 kilómetros de ancho que se ha convertido en un cuello de botella para las exportaciones de petróleo y gas. El arma utilizada fue la nueva GBU-72/B, una bomba antibúnker que parecía estar dirigida a los depósitos de misiles de crucero situados a lo largo del estrecho.
“Hasta la fecha hemos atacado más de 7000 objetivos en todo Irán y su infraestructura militar”, insistió Hegseth, y dijo que el jueves sería “el mayor paquete de ataques hasta la fecha”, repitiendo su promesa de “muerte y destrucción desde arriba.“
Pero la rapidez de las represalias iraníes por el ataque de South Pars evidenció que Estados Unidos no había conseguido lo que los estrategas militares denominan “dominio de la escalada”, la capacidad de impedir que un adversario siga intensificando su respuesta. Y Hegseth repitió que no daría ningún “plazo definitivo” para declarar que había logrado sus objetivos.
Según Hegseth, toda la guerra se está desarrollando según lo previsto. Pero abundan las evidencias de lo contrario. Las prisas por encontrar aliados para patrullar el estrecho —que hasta ahora no han dado resultado— y la lucha por contener el aumento de los precios de la energía sugieren que el gobierno sigue sorprendido por la capacidad de Irán para contraatacar. Sus hábiles ataques asimétricos están diseñados para hacer subir los precios y bajar las bolsas en Estados Unidos, métricas que llaman la atención de Trump.
El temor de Washington ahora es que los países del Golfo, que han mostrado una considerable moderación al no responder a los ataques iraníes con misiles y drones, comiencen a tomar represalias. El miércoles, poco después del ataque israelí a South Pars, parte de los mayores yacimientos de gas en altamar del mundo, dos oleadas de misiles balísticos entrantes fueron interceptadas sobre Riad, la capital de Arabia Saudita, según el Ministerio de Defensa saudita.
El ministro de Asuntos Exteriores del reino, el príncipe Faisal bin Farhan, advirtió que su gobierno se reservaba el derecho de “emprender acciones militares si lo considera necesario”.
“No vamos a rehuir la protección de nuestro país y de nuestros recursos económicos”, dijo en una conferencia de prensa a primera hora del jueves.
No quiso decir cuánto tiempo se mantendría la paciencia saudí con los ataques. “¿Tienen un día, dos, una semana?”, preguntó el príncipe. “No voy a revelarlo”.
Añadió que “la poca confianza” que había entre el reino e Irán se había “roto por completo”. Los paísesrestablecieron relaciones diplomáticas en 2023.
Vivian Nereim colaboró con la reportería desde Riad, Arabia Saudita.
David E. Sanger cubre el gobierno de Donald Trump y una amplia gama de temas relacionados con la seguridad nacional. Ha sido periodista del Times durante más de cuatro décadas y ha escrito cuatro libros sobre política exterior y retos de seguridad nacional.
THE NEW YORK TIMES