Negociaciones con Irán, ¿sí o no?

Las cambiantes declaraciones del presidente Trump no necesariamente indican que se acerca el fin de la guerra, pero le dan algo de tiempo.

Por Katrin Bennhold

Soy la presentadora de The World.

Otro día, otra desconcertante publicación presidencial en redes sociales.

Primero, el presidente Donald Trump entró a Truth Social el fin de semana para amenazar con atacar las centrales eléctricas de Irán si el país no abría el estrecho de Ormuz. Luego, el lunes volvió a utilizar las redes sociales para aplazar los ataques, afirmando que se están teniendo conversaciones “muy buenas” para poner fin a la guerra. Los medios de comunicación estatales iraníes, por su parte, dijeron que se estaba “echando para atrás” tras las amenazas de represalias.

En esta edición escribo sobre el confuso caso de los ultimátums cambiantes de Trump y por qué estos no necesariamente son señal de que hay un final fácil para la guerra.

Si crees lo que dice Donald Trump, durante los dos últimos días Estados Unidos ha hecho grandes avances en las conversaciones con Irán.

El sábado por la noche, Trump dio a Irán 48 horas para reabrir el estrecho de Ormuz, una vía marítima crucial que transporta el 20 por ciento del petróleo mundial, o enfrentarse a la destrucción de centrales eléctricas civiles. Luego, el lunes por la mañana, anunció que el plazo se había ampliado hasta el viernes gracias a unas conversaciones “muy buenas y productivas” sobre una “resolución completa y total de nuestras hostilidades”.

El precio del petróleo cayó rápidamente un 10 por ciento y las bolsas subieron. Sin embargo, no tardaron en surgir dudas sobre si estas conversaciones habían ocurrido tal y como Trump dio a entender, o si siquiera habían ocurrido.

Del lado iraní, las autoridades negaron que hubiera habido conversaciones en absoluto. Trump insistió en que había “conversaciones muy sólidas” que continuarían el lunes por teléfono, y que su equipo estaba tratando con una “persona de alto nivel” en Irán, a la que no quiso nombrar.

Negociaciones con Irán, ¿sí o no?
Las cambiantes declaraciones del presidente Trump no necesariamente indican que se acerca el fin de la guerra, pero le dan algo de tiempo.

Fue un día confuso, y seguimos sin saber qué está ocurriendo realmente entre bastidores. Pero no hace falta saber qué ocurrió en esas conversaciones —o si ocurrieron— para darse cuenta de lo más importante que Trump logró con su publicación del lunes por la mañana

Como dijo David Sanger, nuestro corresponsal de seguridad nacional: “El presidente tenía que salir de la caja que él mismo construyó”.

Salvar las apariencias y ganar tiempo

Por encima de todo, el anuncio permite a Trump ganar tiempo.

Cuando dio un ultimátum a los iraníes el fin de semana, se impuso a sí mismo un plazo para realizar una escalada importante: bombardear la infraestructura energética civil de Irán.

Probablemente habría resultado en exactamente el tipo de represalia que Trump intentaba evitar la semana pasada cuando instó a Israel a no atacar la producción iraní de petróleo y gas.

Teherán había respondido a las amenazas de Trump del fin de semana con una actitud desafiante, y advirtió que el estrecho quedaría “completamente cerrado” si se atacaba su infraestructura energética, y que atacaría instalaciones energéticas, junto con plantas desalinizadoras, en países que albergan a soldados estadounidenses. Todo ello podría agravar aún más la ya muy dolorosa crisis del petróleo.

Pero, como dijo David, “al echarse para atrás con el ultimátum se habría visto débil”.

Con el aplazamiento, Trump salva las apariencias y gana unos días más “para las negociaciones, si al final sí se llevan a cabo; o para que 4500 infantes de la Marina lleguen al Golfo para darle más opciones”, dijo David.

También tiene el conveniente efecto de dar un impulso a los mercados, algo por lo que Trump ya es conocido. Los mercados bursátiles estadounidenses abrieron el lunes con un incremento de más del 1 por ciento en el S&P 500 y estaban encaminados a registrar su mayor alza desde el inicio de la guerra en Irán a finales de febrero.

Sigue buscando una salida

Trump tiene muchas razones para querer poner fin a la guerra. Esta se ha convertido en un lastre político a nivel nacional. Es impopular, y no solo porque haya elevado los precios en las gasolineras. Está tensando su coalición: figuras influyentes del movimiento MAGA han estado argumentando que Estados Unidos está luchando a instancias de Israel.

Pero hablar de ponerle fin podría ser más fácil que hacerlo. Es muy posible que las dos partes estén conversando. El problema, como señaló David, es que incluso si lo están haciendo, todos los factores que hasta el momento han hecho tan difícil para Estados Unidos salir de esta guerra siguen ahí.

Estados Unidos enfrenta un problema urgente con el estrecho de Ormuz: necesita que el petróleo vuelva a fluir. Pero cualquier acuerdo para poner fin a la guerra que no tuviera en cuenta al uranio enriquecido de Irán o su programa nuclear, o que dejara en su lugar al régimen actual, que se parece mucho al gobierno que estaba antes, sería difícil de presentar como una victoria.

A Israel, el aliado de Estados Unidos, le resultaría especialmente difícil convivir con una República Islámica que permanezca intacta, que aún pueda lanzar misiles a Tel Aviv y que tenga más incentivos que nunca para apresurarse a conseguir un arma nuclear. Como para dejar claro ese punto, poco después de que Trump hiciera su publicación sobre las conversaciones, el ejército israelí dijo que había llevado a cabo una nueva oleada de ataques contra Teherán.

Irán, por su parte, muestra pocas señales de hacer concesiones. Como me dijo recientemente mi colega Farnaz Fassihi, quien ha informado ampliamente sobre Irán, el umbral para que Irán declare una victoria es mucho más bajo. Estados Unidos e Israel tienen una serie de objetivos ambiciosos que pretenden alcanzar; lo único que tiene que hacer el gobierno iraní es sobrevivir.

Mette Frederiksen, primera ministra de Dinamarca, busca un tercer mandato en las elecciones que se celebran el martes. Lee sobre ella, en español, aquí.

Muchos votantes le atribuyen el mérito de haber mantenido intacto el reino al hacer frente a las amenazas de Trump de anexionarse Groenlandia. Ahora, Trump parece haber pasado a otra cosa.

Pero algunos daneses tienen ganas de un cambio. El resultado más probable, según muchos analistas políticos, es un gobierno de coalición reestructurado con ella a la cabeza.