
El dirigente aprovechó la guerra de Ucrania para convertirse en el líder más poderoso de Corea del Norte hasta la fecha.
Por Katrin Bennhold
Soy la presentadora de The World
El presidente de China, Xi Jinping, no suele viajar mucho al extranjero. Tampoco acostumbra ir a Corea del Norte para ver a Kim Jong-un. Generalmente, es Kim quien va a ver a Xi.
Por eso, el hecho de que Xi esté en Pionyang esta semana es muy revelador. Está de visita en un momento en el que Kim, según la mayoría de las opiniones, se siente bastante seguro de sí mismo. Su decisión de desarrollar armas nucleares parece haber valido la pena; basta con ver a Irán. Lo mismo ocurre con su decisión de fortalecer su relación con Rusia, lo que podría ser la razón por la que el presidente de China siente la necesidad de recordarle a Kim quién es el socio menor aquí.
¿Cómo sabemos todo esto? Mi colega Choe Sang-Hun, nuestro jefe del buró de Seúl, habló con desertores, analizó los medios de comunicación estatales y estudió a fondo documentos filtrados del régimen para hacerse una idea de lo que está pasando dentro de uno de los países más herméticos del mundo. En esta edición, él escribe sobre cómo Kim se convirtió en el líder más poderoso de Corea del Norte hasta la fecha.
Durante la pandemia de coronavirus, el líder norcoreano, Kim Jong-un, se disculpó en televisión nacional con lágrimas en los ojos.
“Lo siento mucho”, dijo. “Mis esfuerzos y mi sinceridad no han sido suficientes para librar a nuestro pueblo de las dificultades que enfrentan en su vida”.
La disculpa impactó a los observadores. Después de todo, se trataba de Corea del Norte, donde el líder supremo es venerado tradicionalmente como una figura infalible y divina.
Pero la situación era crítica, incluso en un país acostumbrado a las penurias. El coronavirus, la escasez de alimentos y las sanciones internacionales estaban pasando factura. Por esa época, desde Corea del Norte comenzaron a surgir informes que hablaban de una nación que se hundía en la desesperación; ciudadanos que, como lo expresó un analista con contactos internos, “no veían el camino a seguir, no sabían cómo se suponía que iban a seguir viviendo”.
Actualmente, Kim está de un humor muy distinto. Este año, en el congreso de su Partido de los Trabajadores, declaró triunfalmente que Corea del Norte se encontraba en una nueva era gloriosa y próspera; estaba muy lejos de su llorosa disculpa de 2020. Ahora el pueblo puede esperar tener “tanto dulces como balas”, dijo el partido, en referencia a su política de buscar tanto la recuperación económica como el poder militar. Corea del Norte es una potencia nuclear de facto, y Kim es considerado el dirigente más poderoso del país hasta la fecha.
Y no lo habría logrado sin la guerra de Ucrania.
Una oportunidad sorprendente
La caída en picada de la economía en la época de la pandemia fue en parte el resultado de los actos de Kim.
Kim utilizó la pandemia para reforzar su control sobre la sociedad norcoreana. Cerró la frontera con China, y tomó medidas drásticas contra el comercio y el contrabando. Puso en la mira a los mercados informales, donde alguna vez muchos se ganaron la vida comerciando con productos chinos y entretenimiento extranjero introducido de contrabando en memorias USB; las penas para quienes consumieran y distribuyeran lo que él consideraba contenido antisocialista incluían la ejecución por fusilamiento.
Estas medidas ayudaron a erradicar la influencia extranjera. También hicieron que desaparecieran las pocas oportunidades económicas que tenían los norcoreanos.
“No se nos permitía ganar dinero”, me dijo un desertor que huyó a Corea del Sur en 2023. “Apretó la soga a su pueblo, como si no quisiera que tuviera una vida mejor”.
Pero Kim estaba haciendo planes para reactivar la economía y, esta vez, mantenerla bajo control del Estado. Se quedó con los salarios obtenidos por trabajadores norcoreanos en China, quienes siguieron trabajando para el gobierno durante la pandemia. También desató un ejército de piratas informáticos para robar miles de millones de dólares en criptomonedas.
Entonces Rusia invadió Ucrania en 2022. Kim vio una oportunidad.
Las fábricas de municiones de Corea del Norte comenzaron a operar a toda máquina para satisfacer la demanda del esfuerzo bélico de Rusia. Unos 16.000 soldados norcoreanos han luchado en la guerra. También se enviaron trabajadores a Rusia para ganar dinero para el régimen.
A cambio, Rusia envió nueva tecnología armamentística, junto con alimentos, petróleo e incluso turistas, cosas que hacían mucha falta. Las dos naciones incluso firmaron un tratado de defensa y cooperación mutuas.
Se calcula que en 2024 la economía de Corea del Norte creció un 3,7 por ciento, la mayor tasa de crecimiento en ocho años.
La nueva alianza entre Rusia y Corea del Norte ha socavado los esfuerzos internacionales en materia de sanciones, que en el pasado han sido una herramienta clave para influir en el comportamiento de Corea del Norte. También ha ayudado a Kim a ganar margen de maniobra frente a China —por mucho el mayor socio comercial de Corea del Norte—, que anteriormente se había unido a Estados Unidos para imponer sanciones severas.
El presidente de China, Xi Jinping, llegó a Corea del Norte el lunes para una visita de Estado de dos días, la primera que hace en siete años. Según el gobierno chino, durante su reunión con Kim, Xi pidió un frente unido entre China y Corea del Norte contra la influencia estadounidense y ofreció ampliar la “cooperación práctica” entre ambos países.
Aplicaciones de celular y balnearios
En los últimos años ha habido señales claras de mejora económica en Corea del Norte, aunque la pobreza persiste fuera de Pionyang.
Kim ha concluido algunos de sus proyectos personales, aplazados durante mucho tiempo, como el desarrollo de complejos turísticos costeros, de esquí y balnearios. También se han construido nuevas torres de apartamentos, no solo en Pionyang, sino también en ciudades de provincia.
En la propia capital, que antes estaba tenuemente iluminada por la noche, los letreros de neón brillan más que nunca. En las torres de apartamentos, los ascensores funcionan al menos unas horas al día, según visitantes y desertores recientes. Hay más gasolineras y más coches de propiedad privada. Las familias utilizan aplicaciones de celular para comprar y pedir comida a domicilio.
Cualquier perspectiva de reanudar las conversaciones con el presidente Donald Trump sobre la desnuclearización o de reconciliarse con Corea del Sur parece haber quedado atrás. En lugar de eso, Kim quiere ser reconocido como la nueva potencia nuclear del mundo. “Corea del Norte tiene hoy la mayor influencia que ha tenido en los últimos 30 años”, dijo un antiguo experto en Corea del Pentágono.
En un discurso pronunciado en marzo ante el Parlamento norcoreano, que se limita a aprobar las iniciativas sin discutirlas, Kim habló de una “transformación milagrosa”. Señaló el aumento diverso de las inversiones y la construcción de viviendas a gran escala. Y subrayó lo que toda esta nueva prosperidad había traído consigo.
Corea del Norte, dijo, “ya no es un país susceptible a las amenazas de otros”.
NEW YORK TIMES