
Aún en guerra con Irán y con el control en Venezuela, el presidente Trump está dando señales de que está a punto de intervenir en otro país.
“Creo que tendré el honor de tomar Cuba”, dijo el presidente Donald Trump a los periodistas en el Despacho Oval el lunes.
“Tomar Cuba de alguna forma, sí”, añadió cuando un periodista le pidió que aclarara. “Tomar Cuba. Es decir, si la libero, la tomo. Creo que puedo hacer lo que quiera con ella, si quieres saber la verdad”.
Incluso para los estándares de Trump, que rompen precedentes por decir lo que piensa como presidente de Estados Unidos, sus comentarios ofrecieron una visión sorprendente de cómo percibe su poder y de la ausencia de límites del mismo.

Desde que Fidel Castro tomó el poder en Cuba, la Casa Blanca ha visto 13 presidentes, todos con una relación complicada y a menudo conflictiva con la nación caribeña gobernada por el régimen comunista. Pero ninguno había sopesado tan públicamente tomar el control del país, hasta ahora. Y después de los ataques militares de Trump en Venezuela e Irán este año, es posible que sus comentarios no sean simples elucubraciones improvisadas.
Por el contrario, los comentarios parecen sugerir que Trump está impulsando un tercer intento consecutivo de descabezar a un gobierno extranjero, quizá antes de que el año termine su primer trimestre.
“Estoy reteniendo a Cuba”, dijo el domingo a bordo del Air Force One, y añadió: “Pronto llegaremos a un acuerdo o haremos lo que tengamos que hacer”. Pero también dejó clara la secuencia: “Haremos lo de Irán antes que lo de Cuba”.
En realidad, el gobierno de Trump ya se está ocupando de ambas cosas. Desde enero, Estados Unidos ha establecido lo que equivale a un bloqueo petrolero sobre Cuba, ha amenazado a otros países si suministran petróleo a la isla e incluso ha emprendido acciones militares. El mes pasado, un buque de la Guardia Costera estadounidense interceptó un petrolero lleno de crudo procedente de Colombia que se dirigía a Cuba.
Como consecuencia, Cuba no ha recibido ningún envío significativo de petróleo o combustible desde el 9 de enero, lo que ha creado una crisis que se agrava rápidamente en la isla. La gasolina que se vende en el mercado negro se ha disparado a unos 35 dólares el galón y la electricidad falla casi todos los días, incluido un apagón nacional el lunes. Se están retrasando las operaciones quirúrgicas, se están agotando los medicamentos y está aumentando la inseguridad alimentaria.
El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, pronunció un discurso la semana pasada en el que reconoció por primera vez que Cuba mantenía conversaciones con Estados Unidos y que pronto comenzaría a abrir su economía.
Al mismo tiempo, el gobierno de Trump estaba dejando claro a Cuba que Díaz-Canel debía irse, informó el lunes el Times. Hasta ahora, la Casa Blanca no está presionando para que se tomen medidas contra la familia Castro, que sigue en el poder entre bastidores. Esto está en consonancia con la preferencia del gobierno de Trump por hacer que los regímenes acaten sus órdenes, en lugar de cambiarlos, como se ha visto en Venezuela.
Rusia ha señalado que está dispuesta a respaldar a Cuba, su aliada desde hace mucho tiempo, si es necesario. Un portavoz del Kremlin dijo el martes que funcionarios rusos y cubanos estaban en contacto sobre la crisis.
El lunes por la noche, el zar de la economía cubana, Oscar Pérez-Oliva Fraga, anunció una serie de cambios para permitir que los cubanos residentes en el extranjero inviertan, realicen operaciones bancarias y hagan negocios en Cuba, un cambio potencialmente importante en la política que la diáspora cubana lleva tiempo buscando.
Por Jack Nicas
Jack Nicas es corresponsal principal para América Latina.
The New York Times